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La afición del Sporting de Gijón

Alemania–Austria en El Molinón, 1982: el partido que obligó a la FIFA a jugar a la misma hora

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pabloc
Alemania–Austria en El Molinón, 1982: el partido que obligó a la FIFA a jugar a la misma hora

Va el minuto diez del 25 de junio de 1982. Littbarski centra desde la izquierda, Horst Hrubesch se levanta entre los austriacos y la mete de cabeza. El Molinón lo celebra poco, porque en la grada hay muchos más gijoneses que alemanes. Todavía nadie sospecha nada. Durante los ochenta minutos siguientes el balón va de un lado a otro sin que nadie apriete a nadie, y eso sí lo recuerda todo el que estuvo allí aquella tarde.

Para entender por qué hay que ir nueve días atrás, al primer partido que vio Gijón en aquel Mundial.

Tres partidos en nueve días

A Asturias le tocó el grupo 2. Se jugaba entre El Molinón y el Carlos Tartiere de Oviedo, y lo formaban la República Federal de Alemania, que era la campeona de Europa, Austria, Chile y una Argelia que debutaba en un Mundial y de la que en Gijón casi nadie sabía nada.

El 16 de junio Argelia se presentó en El Molinón y ganó a los alemanes por 2-1. Marcó Rabah Madjer, empató Littbarski y Lakhdar Belloumi puso el 2-1 casi en la jugada siguiente. La grada, que había llegado para ver a Rummenigge, salió hablando de Belloumi. Fue una de las mayores sorpresas de la historia de los Mundiales, y ocurrió a unos pasos del Piles.

El 20 de junio los alemanes volvieron a Gijón y se recompusieron con un 4-1 a Chile, con tres goles de Rummenigge. Mientras, en Oviedo, Austria ganaba sus dos partidos sin encajar: 1-0 a Chile y 2-0 a Argelia. El 24 de junio, en el Tartiere, Argelia le ganó 3-2 a Chile. Llegó a ir 3-0 al descanso y acabó sufriendo.

Y ahí está la clave de todo lo que vino después: Argelia jugó su último partido el día antes. Cuando alemanes y austriacos saltaron al césped de El Molinón, ya sabían exactamente qué resultado les venía bien a los dos.

Una cuenta que se hacía en una servilleta

Antes del último partido, la tabla estaba así: Argelia, con cuatro puntos y cinco goles a favor y cinco en contra. Austria, con cuatro puntos, tres a favor y ninguno en contra. Alemania, con dos puntos. Chile, a cero.

Alemania necesitaba ganar, porque con el empate se iba a casa. A Austria le bastaba con perder por uno o por dos: con un 3-0 empataba con Argelia en diferencia de goles y pasaban los argelinos, que habían marcado más. Cualquier victoria alemana por la mínima dejaba a los dos vecinos en la siguiente fase. En el minuto diez, Hrubesch marcó el único resultado que convenía a ambos.

Selección Puntos Goles a favor Goles en contra Diferencia
RFA 4 6 3 +3
Austria 4 3 1 +2
Argelia 4 5 5 0
Chile 0 3 8 -5

Tres selecciones empatadas a puntos, y la que había ganado a la campeona de Europa se quedaba fuera por diferencia de goles. Así quedó el grupo 2.

Pañuelos blancos en la grada

Nunca se ha demostrado que hubiera un acuerdo firmado. No hacía falta: bastaba con mirar al campo. Después del gol, los alemanes dejaron de atacar y los austriacos no hicieron ningún esfuerzo por empatar. Pases hacia atrás, balones al portero y centrocampistas paseando. Al rato, la gente de El Molinón empezó a darse cuenta de lo que estaba viendo.

Y reaccionó como suele reaccionar esa grada cuando le toman el pelo. Primero con silbidos, después con pañuelos blancos, que en España significan lo que significan, y con gritos de «¡fuera, fuera!» y de «¡Argelia, Argelia!». Los aficionados argelinos que habían ido al partido agitaban billetes hacia el césped. En Austria, el comentarista de la televisión pública, Robert Seeger, llegó a decir a los espectadores que podían apagar el televisor. En Alemania al partido lo bautizaron como «la vergüenza de Gijón». Aquí se le quedó el nombre de «el pacto de Gijón», que tampoco le hace ningún favor a la ciudad.

Esa es la parte que escuece. Gijón no tuvo ninguna culpa, y aun así el nombre de la ciudad quedó pegado para siempre a la tarde más triste del fútbol en un Mundial. Lo que sí le corresponde a la grada es haber sido la primera en decirlo en voz alta, con el partido todavía en juego.

Argelia protesta y la FIFA cambia el reloj

La federación argelina presentó una protesta formal y pidió que se investigara el partido. La FIFA la rechazó: el reglamento no prohibía ganar 1-0 ni jugar a no hacer nada. Alemania siguió adelante y llegó a la final, que perdió contra Italia en el Bernabéu. Austria cayó en la segunda fase. Argelia volvió a casa con dos victorias y la sensación de que le habían echado sin jugar.

Lo que sí hizo la FIFA fue cambiar el calendario para que no volviera a pasar. Desde el Mundial de México 86, los dos últimos partidos de cada grupo se juegan a la misma hora, y así ningún equipo sale al campo sabiendo de antemano el resultado que le basta. La Eurocopa del 84 ya se jugó con esa norma. Cada vez que hoy vemos dos partidos simultáneos en la última jornada, con el marcador del otro campo en la pantalla y la tabla moviéndose en directo, estamos viendo la herencia de aquella tarde en El Molinón.

Queda una ironía que en Gijón conocemos bien. El mejor partido de aquel Mundial en la ciudad, el Argelia-Alemania del día 16, se recuerda menos que el peor. Los que estuvieron en los dos cuentan primero lo de Belloumi y la cara de los alemanes. Luego se les tuerce el gesto y siguen con lo de los pañuelos.