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Puxa Molinón
La afición del Sporting de Gijón

Cuatro años de Orlegi: lo que prometieron y lo que dicen las cuentas

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El comunicado salió un lunes de finales de mayo de este año y no llegaba a diez líneas. Nicolás Larcamón, argentino, cuarenta y un años, primera experiencia en el fútbol europeo, contrato hasta junio de 2027 con opción a otro curso si se cumplen objetivos deportivos. Sustituía a Borja Jiménez, que había pedido al club romper el contrato que le ataba hasta ese mismo verano. Antes de Borja estuvo Asier Garitano. Antes, Rubén Albés. Antes, Miguel Ángel Ramírez. Antes, Abelardo. Seis nombres escritos en la pizarra del banquillo desde que en Gijón aprendimos a pronunciar Orlegi.

Cuatro años dan para hacer cuentas. No para el linchamiento ni para el aplauso de oficina: para las cuentas.

Lo que se compró aquel 28 de junio

La operación se cerró el 28 de junio de 2022. Orlegi Sports, el grupo del empresario mexicano Alejandro Irarragorri —también propietario del Santos Laguna y del Atlas—, se hizo con el 73% de las acciones que estaban en manos de Javier Fernández. El precio de la jugada: 43 millones de euros. Con aquella firma se acababan veintiocho años de la familia Fernández en el palco de El Molinón. Irarragorri se sentó en la presidencia, David Guerra se quedó con el poder ejecutivo, Gerardo García con la parcela deportiva y el consejo se completó con Alfonso Villalva y Martín Hollander.

Lo que había dentro de los cajones no era una ruina, pero tampoco un chollo: una deuda de alrededor de nueve millones y un asunto sin resolver que en Gijón se conoce de memoria, la recompra de los terrenos de Mareo, propiedad del Ayuntamiento, donde entrenan la cantera y el femenino. Esa recompra se tasó en 1,8 millones y el Ayuntamiento la aprobó con una condición escrita bien grande: ni recalificación de suelo ni especulación de ningún tipo. Es decir, Mareo para el fútbol y para nada más.

Lo que dicen las cuentas

En diciembre de 2024, con dos temporadas y media de gestión mexicana a la espalda, el club presentó unos números con 42,3 millones de deuda. La cifra pega un susto hasta que uno mira el desglose: cerca de 24 corresponden al préstamo del plan Impulso de CVC, a cincuenta años y al 0% de interés, el mismo dinero que aceptaron casi todos los clubes de Primera y Segunda. No es una deuda que apriete el cuello el mes que viene, pero está ahí y aparece en el balance.

El ejercicio 2023/24 se cerró con un déficit de 3,9 millones. Fueron 1,1 millones menos que el curso anterior, un recorte del 22%. El plan que explicaron entonces era fácil de enunciar y complicado de ejecutar: subir ingresos año a año, engordar la masa social hasta los 23.000 abonados y formar jugadores en Mareo que algún día se vendan bien, que es la metodología con la que Orlegi presume de haber funcionado en México. En este blog ya hemos contado que eso de vivir de los traspasos de la cantera no es ningún invento nuevo en Gijón; lleva treinta años pagando las facturas.

El ladrillo

Aquí se ha movido más dinero que en el mercado de fichajes, aunque no salga en los telediarios. Desde 2018, entre inversión directa y gastos de mantenimiento, El Molinón se ha llevado alrededor de once millones —una parte con la familia Fernández todavía en el palco—, y siete de ellos fueron los que permitieron sacar adelante la concesión comercial de los espacios de los bajos del estadio.

Y luego está la ilusión del Mundial. El club, con David Guerra al frente, presentó El Molinón como candidato a sede de 2030 sabiendo perfectamente la letra pequeña: haría falta pasar de los 30.000 asientos actuales a los 40.000 que exige el mínimo. Diez mil localidades más en un estadio metido en el Muro y pegado al parque de Isabel la Católica.

Y mientras tanto, el fútbol

Porque uno se abona para ver fútbol, no para leer memorias anuales. El repaso frío de la clasificación desde que llegó Orlegi es este:

  • 2021/22 (último curso de los Fernández): decimoséptimo, 46 puntos.
  • 2022/23: decimoséptimo, 50 puntos. Abelardo salió del banquillo el 15 de enero y Miguel Ángel Ramírez entró el 17.
  • 2023/24: quinto con 65 puntos y promoción de ascenso. El mejor año, con diferencia.
  • 2024/25: undécimo, 56 puntos, con Albés destituido y Garitano llegando en abril.
  • 2025/26: décimo.

Cuatro temporadas completas, una promoción de ascenso y ningún ascenso. Ni un descenso, tampoco, que en Segunda tampoco es un detalle menor. La media de la etapa es un equipo de mitad de tabla que un año se asomó a la ventana y los otros tres se quedó mirando desde el sofá.

La grada, que llegó antes

Lo llamativo es que la respuesta de la gente ha ido por delante del rendimiento del equipo. Esta última campaña el club cerró en 24.000 abonados, que era el tope fijado, y esa cifra es el tercer mejor registro de la historia del Sporting. Se agotaron los carnés con el equipo peleando por no aburrirse en mitad de la tabla, no con el ascenso en juego.

Eso es exactamente lo que Orlegi compró en 2022 y probablemente lo que más valor tiene en el balance sin aparecer en ninguna casilla. Un club de Segunda que llena, que renueva y que va a Riazor o a Almería con autobuses.

El quinto año arranca con Larcamón estrenándose en Europa, con la deuda del plan Impulso durmiendo a cincuenta años vista, con Mareo por fin encarrilado y con El Molinón esperando saber qué pasa con sus diez mil asientos. Lo que falta por ver es si en algún momento todo eso se traduce en lo único que aquí se mide de verdad: la última jornada con algo en juego.