Saltar al contenido
Puxa Molinón
La afición del Sporting de Gijón

Mareo paga las facturas: treinta años de traspasos sosteniendo al Sporting

Publicado
Sección
General
Firma
pabloc

El verano de 2003, en las terrazas de Begoña se discutía lo de siempre con una novedad: si el chaval de Tuilla se iba porque le apetecía Zaragoza o porque en Gijón ya no había con qué retenerle. David Villa había pasado los últimos años de su formación en Mareo, había debutado en Segunda y se iba después de una temporada en la que el Sporting no había ganado nada. Un aficionado lo resumió mejor que ningún directivo: aquí se vende para poder abrir el año que viene.

No era una frase amarga. Era una descripción del modelo.

Lo que pasó después del 98

Para entender por qué Mareo ha sido el departamento financiero del club hay que volver a la temporada 1997-98, la del descenso más humillante que se recuerda: trece puntos en treinta y ocho jornadas, cuatro victorias en todo el campeonato. Aquello no fue una mala racha, fue un derrumbe. Y detrás del derrumbe deportivo venía el otro, el que no sale en la clasificación.

El Sporting se pasó diez años seguidos en Segunda, de 1998 a 2008. Diez. Con los ingresos de televisión de Segunda, con abonados que iban al Molinón a ver partidos contra el Eibar en noviembre y con una plantilla que había que pagar igual. Un club así solo tiene tres maneras de cuadrar las cuentas: recortar, endeudarse o vender. El Sporting hizo las tres, pero la única que funcionaba de verdad estaba en una finca a las afueras, con campos de hierba y un edificio de ladrillo donde entrenaban críos de catorce años.

Los nombres son la contabilidad

Si repasas las salidas grandes de las últimas tres décadas, no estás repasando un palmarés. Estás leyendo un extracto bancario.

  • Luis Enrique, guaje de Mareo, cuatro temporadas en el primer equipo y al Real Madrid en 1991, con veintiún años. El Sporting cobró; el Madrid, cinco años después, lo perdió gratis camino del Barça.
  • Abelardo, central de Mareo con galones en Gijón antes de cumplir los veinticinco, vendido al Barcelona en 1994. Volvería veinte años después, ya de entrenador, para devolver al equipo a Primera.
  • David Villa al Zaragoza en 2003. Dos años más tarde el Zaragoza lo colocaba en el Valencia, y en 2010 el Valencia lo vendía al Barcelona por unos cuarenta millones. Del recorrido completo, al Sporting le tocó el primer escalón, el más barato de todos.
  • Jony, extremo de Mareo que había aguantado el equipo por la banda, salió al Málaga en el verano de 2017, justo después del descenso. Acabó jugando en la Lazio.

Añade la lista larga: los que no dieron un traspaso millonario pero sostuvieron alineaciones enteras en Segunda cobrando fichas de canterano. Nacho Méndez, Pedro Díaz, Gaspar Campos y una decena más. Ese ahorro no aparece en ningún titular y es tan real como una venta.

El caso que duele: Juan Mata

Aquí está el agujero del modelo, y conviene no maquillarlo. Juan Mata se formó en Mareo siendo un crío y se marchó al Real Madrid en 2003, con quince años, cuando todavía era juvenil. Por un chaval de esa edad no se paga un traspaso: se paga una compensación de formación que da para poco más que mantener los campos verdes un par de meses.

Lo que vino después lo cobraron otros. El Valencia lo fichó del Madrid, el Chelsea lo compró en 2011 y el Manchester United pagó por él en 2014 una de las cifras más altas que se habían visto en la Premier por un centrocampista. Todo ese dinero pasó por delante de Gijón sin parar a saludar. El mejor producto que ha salido de Mareo en el siglo XXI se perdió antes de que pudiera valer algo, y no por falta de ojo, sino porque un club en Segunda con la caja tiritando no tenía cómo pelear con el Real Madrid por un chaval de quince años.

De ahí salió la lección que se aprendió a golpes: el negocio no está en formar bien, está en llegar a la firma del primer contrato profesional. Lo demás es regalar.

La cuenta que nadie enseña

Las cifras exactas de aquellos traspasos nunca fueron oficiales, y quien te dé un número redondo de lo que pagó el Barça por Abelardo probablemente lo esté redondeando él. Pero no hace falta el detalle para ver el patrón. Los años en los que el club respiró coinciden casi milimétricamente con los veranos en los que salió alguien de Mareo. Los años en los que hubo que apretar el cinturón son aquellos en los que no había nadie maduro que vender.

Compáralo con lo que ingresa un club de Segunda por televisión, abonos y taquilla y entiendes por qué las ventas no eran un complemento. Un traspaso grande podía cubrir en una tarde de agosto lo que la temporada entera no daba. Y por eso, cada vez que el equipo se caía —1998, 2012, 2017—, había una respuesta ya escrita: mirar hacia Mareo a ver quién estaba listo.

Y ahora qué

Desde 2022 el club pertenece al Grupo Orlegi, con dinero de fuera y una estructura que no depende de que aparezca un extremo de dieciocho años cada tres temporadas. Eso cambia la ecuación por primera vez en treinta años. La pregunta que se hace mucha gente en la grada es qué papel le queda a Mareo cuando ya no es la única fuente de ingresos: si sigue siendo el corazón del club o pasa a ser un departamento más del organigrama, útil mientras produzca.

Mientras tanto, conviene tener presente una cosa cuando alguien diga que el Sporting sobrevivió a los descensos por el empuje de la afición. La afición llenó el Molinón en Segunda, es verdad, y eso vale muchísimo. Pero las nóminas de agosto las pagaron unos cuantos guajes que se fueron llorando en el aeropuerto.