Los 150 millones que nadie quiso firmar: El Molinón, fuera del Mundial 2030
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El 25 de junio de 1982, cuarenta y un mil personas llenaron El Molinón para ver a Alemania Federal y Austria pasarse el balón sin la menor intención de hacer nada con él. Alemania ganaba 1-0, ese resultado clasificaba a las dos y dejaba fuera a Argelia, y la grada lo entendió toda a la vez, casi al mismo tiempo. Hubo pañuelos, hubo billetes agitados desde el gallinero y hubo insultos en dos idiomas. Aquello se sigue llamando la vergüenza de Gijón, aunque de Gijón solo fueron el escenario y la gente que se indignó desde él.
Fue el último de los tres partidos que el Mundial 82 dejó en Gijón. Los tres, con Alemania Federal dentro: la derrota histórica ante Argelia (1-2), el 4-1 a Chile y aquel apaño con los austriacos. Cuarenta y cuatro años después, España vuelve a organizar un Mundial junto a Portugal y Marruecos, y El Molinón no aparece por ninguna parte.
Un estadio que ha ido encogiendo
Para el 82 se levantaron las gradas este y sur hasta rozar los 45.000 espectadores, de los cuales solo 16.600 eran de asiento; el resto, de pie, apretados. En 1984 la administración regional bajó el aforo a 38.000 por seguridad. Con la reconversión a butaca y las reformas posteriores, hoy el campo se mueve alrededor de los 29.000.
Ese número, y no la historia, es donde empieza el problema. La FIFA fija para 2030 un mínimo de 40.000 espectadores para los partidos de fase de grupos, 60.000 para octavos y cuartos, y 80.000 para inaugural, semifinales y final. El Molinón no llega al primer escalón por unas once mil localidades.
Lo que hay en la letra pequeña
El aforo es solo la portada del pliego. Lo que la FIFA pone por escrito a las sedes incluye, entre otras cosas:
- Categoría mínima de cuatro estrellas para el recinto.
- Todas las gradas cubiertas.
- Dos videomarcadores de al menos 200 metros cuadrados cada uno.
- Césped natural con refuerzo híbrido y sistemas de calefacción, ventilación y drenaje que retiren el agua al instante.
- Una explanada exterior contigua de 10.000 metros cuadrados como mínimo para seguridad, televisión y servicios.
- Disponibilidad exclusiva del estadio desde al menos un mes antes del torneo.
Traducido a El Molinón: ampliar, cubrir del todo, rehacer instalaciones y encontrar diez mil metros cuadrados libres pegados al campo, en un parque urbano, junto a la playa y con la ciudad alrededor.
Trescientos millones, luego ciento cincuenta, luego nada
La primera versión de la candidatura ni siquiera pasaba por reformar: era un estadio nuevo, con una cifra en torno a los 300 millones de euros. El Ayuntamiento dijo que no. La segunda, redimensionada, hablaba de remodelar El Molinón por unos 150 millones, una cantidad que nunca llegó a concretarse en un proyecto cerrado.
Y aquí está el nudo de todo el asunto: El Molinón es municipal. El Sporting juega en él, lo llena y lo mantiene vivo, pero el titular es el Ayuntamiento de Gijón. Quien tenía que firmar los compromisos con la FIFA y responder de las garantías no era Orlegi, era el consistorio, con el Principado detrás. El club preparó estudios económicos y un plan de financiación. La firma, no la podía poner.
En febrero de 2024, el Ayuntamiento lo dejó dicho sin rodeos: no pensaba firmar un documento vinculante sin saber el coste total ni de dónde salía el dinero. Su portavoz, Jesús Martínez Salvador, resumió año y medio de reuniones en una frase que se entiende igual desde la grada que desde el pleno: había sido imposible averiguar cuánto costaba organizar aquello y quién lo pagaba. Firmar a ciegas era, en sus palabras, un cheque en blanco a la FIFA con dinero público.
El viernes 7 de junio
El final fue mucho menos épico que el planteamiento. El plazo para entregar la documentación a la federación vencía el viernes 7 de junio de 2024. Gijón fue la única de todas las candidatas que no la presentó. El día 11 se convocó una reunión virtual para intentar salvar el trámite y no apareció ningún representante ni del Ayuntamiento ni del Principado. El Sporting sacó un comunicado lamentando la oportunidad perdida y recordando que había avisado a las autoridades en repetidas ocasiones durante la semana anterior.
El 19 de julio de 2024, la RFEF hizo públicas las once sedes españolas: Bernabéu y Metropolitano en Madrid, Camp Nou y RCDE Stadium en Barcelona, San Mamés, Anoeta, Riazor, la Nueva Romareda, La Cartuja, La Rosaleda y el Gran Canaria.
Lo que sí firmaron otros
Dos de esas sedes son ciudades con equipo en Segunda y estadios que tampoco cumplían nada el día que se apuntaron. La diferencia está en la obra que aceptaron.
| Sede | Qué se hace | Coste |
|---|---|---|
| Nueva Romareda (Zaragoza) | Estadio nuevo, unos 43.000 asientos | 148,5 millones + IVA de partida; la Cámara de Cuentas de Aragón ya lo eleva a 173,2 |
| Riazor (A Coruña) | Remodelación | 125 millones |
| El Molinón (Gijón) | Remodelación, sin proyecto cerrado | Unos 150 millones, sin financiación definida |
En Zaragoza, la sociedad que gestiona la obra la formaron el Ayuntamiento (48,52%), el Gobierno de Aragón (39,60%) y el Real Zaragoza (11,88%). Es decir, casi nueve de cada diez euros son públicos, y las obras no terminan hasta 2027. Quien defienda que Gijón se equivocó tiene que explicar también por qué esa cuenta era mejor.
Lo que queda es un campo de 1908 que sigue siendo el más viejo en activo del país, que se llena en Segunda y al que no le vendrían mal butacas nuevas y una cubierta decente, cosas que no dependen de ningún Mundial. La sede más cercana estará al otro lado de la cornisa, en San Mamés, y en 2030 habrá quien recuerde en la barra que aquí se jugó uno de verdad, con Argelia dando la campanada y con dos selecciones europeas haciendo el paripé delante de cuarenta y un mil testigos.