Por qué El Molinón se llama así (y es el estadio más antiguo de España en activo)
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Hay estadios que llevan el nombre de un patrocinador, de un presidente o de una fecha. El del Sporting de Gijón lleva el de un molino. Y no uno cualquiera: uno tan grande que la gente, en asturiano, lo llamaba con cariño y con sorna El Molinón. De ahí viene todo. Antes de que hubiera fútbol, gradas y noches de ascenso, en aquella campa junto al río Piles había un molino de agua que marcaba el paisaje. El campo heredó su mote, y ya nunca se lo quitó.
Un molino que dio nombre a una catedral del fútbol
La historia es tan sencilla que casi decepciona, y por eso gusta: no hubo una comisión que eligiera el nombre ni un concurso. Fue el habla de la gente. El molino grande, «el molinón», estaba ahí, y cuando el fútbol llegó a esos terrenos, el sitio ya tenía nombre puesto por el vecindario. Pocos estadios pueden presumir de llamarse como los bautizó la calle.
El más viejo que sigue en pie
Lo que de verdad lo hace especial no es solo el nombre, es la edad. En El Molinón se juega al fútbol desde principios del siglo XX, y está considerado el estadio en activo más antiguo del fútbol español. Eso significa que por ese césped ha pasado prácticamente toda la historia del fútbol en España: generaciones de aficionados rojiblancos que llevaron a sus hijos, y esos hijos a los suyos, al mismo sitio donde sus abuelos gritaron los primeros goles.
Más que un campo
Para Gijón, El Molinón no es una instalación deportiva, es un punto de encuentro de la ciudad. Ha vivido ascensos que parecían imposibles y descensos que dolieron durante años, tardes de Molinón lleno y noches de frío con la grada aguantando. Un estadio se mide por los partidos, pero se recuerda por lo que la gente sintió dentro. Y ahí El Molinón tiene más de un siglo de memoria acumulada.
Así que la próxima vez que oigas su nombre, acuérdate de que detrás no hay una marca ni un homenaje pomposo: hay un molino que ya no está, un río que sigue corriendo al lado, y una afición que decidió, sin querer, ponerle al fútbol el nombre del paisaje.