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La afición del Sporting de Gijón

Seis de Mareo: los asturianos del Sporting de hoy y los del equipo del 78-79

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Seis de Mareo: los asturianos del Sporting de hoy y los del equipo del 78-79

Hay un once que en Gijón se recita como quien reza: Castro; Rezza, Redondo, Cundi y Doria; Joaquín, Mesa y Ciriaco; Quini, Morán y Ferrero. Es el del 78-79, el de los cuarenta y tres puntos y el subcampeonato, el techo del club. Y se recita con una idea metida dentro, la de que aquel Sporting era Asturias entera vestida de rojiblanco.

De esos once, tres eran argentinos.

Doria llevaba en el club desde 1973. Enzo Ferrero había llegado en 1975 y se quedaría hasta retirarse en 1985, convertido en uno de los grandes de la historia del Sporting. Rezza aterrizó en el verano del 78 procedente del Salamanca. Y en la ficha de aquella temporada había un cuarto argentino, Óscar Ferrero, fichado el mismo verano. Cuatro nombres de Argentina en una plantilla de poco más de veinte.

No lo cuento para desmontar nada. Lo cuento porque el discurso de la identidad se mide con la nómina, y la nómina de la mejor temporada del Sporting ya tenía costuras.

El censo del 78-79

La plantilla de aquel curso, la que jugó las treinta y tres jornadas y acabó con 50 goles a favor y 35 en contra, era corta y muy repartida: Castro y Rivero en la portería; Redondo, Rezza, Doria, Ciriaco, Cundi y Maceda atrás; Joaquín, Mesa, Morán, Abel y Uría en el medio; Quini, Ferrero y David arriba. Y detrás, los que asomaban poco: Claudio, Óscar Ferrero, González, Urbano, Valdés.

Diez hombres jugaron casi todo. Quini, los treinta y tres partidos, con veintitrés goles. Joaquín, treinta y tres. Rezza, treinta y tres. Mesa, treinta y dos. Morán, treinta y dos con nueve goles. Ferrero, treinta. Redondo, treinta y uno. Ciriaco, treinta y uno. Cundi, treinta. Castro, veintisiete. Ese era el equipo de verdad: once nombres y poco más, y el resto mirando desde el banquillo con dos cambios por partido.

Quitados los cuatro argentinos, lo que queda es un bloque asturiano de arriba abajo. Quini, Cundi, Mesa, Joaquín, Morán, Maceda, Uría, Abel. La columna vertebral era de aquí y se notaba en el Molinón. Pero conviene tener el número delante: en el once tipo del techo del club, tres de cada once venían de fuera de España.

Y una cosa más sobre Mareo

Aquel equipo se cuenta siempre como la obra de Mareo, y ahí hay una trampa de calendario. La escuela de fútbol de Mareo se terminó en 1978, con Manuel Vega-Arango de presidente. Es decir: las instalaciones que hoy asociamos al ADN del club se estrenaron justo cuando aquel equipo ya estaba hecho. Quini, Joaquín, Morán o Cundi no salieron de Mareo. Salieron de los equipos del club y del fútbol de la cuenca y de la villa, antes de que existiera el edificio.

Mareo no fabricó al subcampeón. Nació a la vez que él, y lo que hizo fue convertir un golpe de suerte generacional en un sistema que sigue funcionando cincuenta años después.

El censo de hoy

Ahora la cuenta. En la plantilla del primer equipo hay seis futbolistas nacidos en Asturias y formados en Mareo, con nombre y apellidos:

JugadorNacido enEntró en Mareo
Guille RosasGijón, 20002009, desde el Xeitosa
Pablo GarcíaGijón, 20002010, con diez años
Gaspar CamposGijón, 20002008, con ocho años
Nacho MartínNoreña, 2002desde el Condal
Diego SánchezAvilés, 20032011, con ocho años
Enol PrendesPola de Laviana, 20042014, desde el Alcava

Hay que sumar a Christian Ferreres, que se crió en Mareo, se marchó al Villarreal con dieciséis años en aquella operación que sentó tan mal, y volvió cinco años después a empezar de cero desde abajo.

Siete, entonces, en una lista de primer equipo que ronda los veinticinco nombres. Uno de cada cuatro. Y no es un dato malo: es, de hecho, bastante mejor de lo que uno esperaría en un club dentro de un grupo con equipos en México, Uruguay y Estados Unidos.

Lo que no compara bien

La tentación es cruzar los dos números y sacar una moraleja. No cuadra del todo, y conviene decirlo. En el 78-79 se jugaban treinta y tres jornadas con plantillas de veinte tíos y dos cambios; hoy son cuarenta y dos jornadas, veinticinco fichas, cesiones que entran y salen cada seis meses y un mercado de invierno que reescribe medio vestuario. Comparar un once fijo con una plantilla rotatoria es comparar dos oficios distintos.

Lo que sí compara bien es la proporción del once que salta al campo. Ahí es donde el discurso se sostiene o se cae, y ahí es donde el sportinguista de la grada tiene razón cuando protesta: no es lo mismo tener seis canteranos en la ficha que tenerlos en el campo un sábado a las nueve de la noche.

El resto de la plantilla actual llega de sitios de los que en el 78 no se hablaba: Uruguay, Argentina, Senegal, Rusia, Estados Unidos, Colombia, más las cesiones del Leverkusen, del Como y del Venezia. Es exactamente lo que se firma cuando entras en una estructura de varios clubes. Se ganan recursos y se pierde la costumbre de mirar primero hacia dentro.

La foto que me quedo es esta. El 29 de mayo de 2022, un chaval de Avilés que había entrado en Mareo con ocho años debutó en el Molinón contra Las Palmas. Se llama Diego Sánchez y hoy ya ha pasado de los cincuenta partidos con el primer equipo. El 23 de agosto de 2025 debutó Enol Prendes, de Pola de Laviana, contra el Ceuta. Dos nombres, tres años de diferencia, la misma cadena. Mientras esa cadena siga dando dos por temporada, la cuenta aguanta.

Seis de Mareo: los asturianos del Sporting de hoy y los del equipo del 78-79
Asturkian, CC BY-SA 4.0, vía Wikimedia Commons