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Puxa Molinón
La afición del Sporting de Gijón

Veintiocho temporadas sin derbi en Primera: la factura que paga Asturias

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pabloc

La noche de junio de 2025 en la que el Real Oviedo volvió a Primera, en Gijón hubo reacciones para todos los gustos. Gente que apagó la tele en cuanto se vio venir. Gente que se alegró en voz baja, casi pidiendo perdón por hacerlo. Y unos cuantos que, con la cabeza más fría de lo que tocaba, hicimos la cuenta que nadie quería decir en alto: si ellos suben y nosotros nos quedamos donde estamos, el derbi desaparece del calendario.

Y desapareció. Ocho temporadas seguidas jugándolo dos veces al año, con su semana previa, su tensión y su resaca, y de golpe otra vez a mirar la clasificación del vecino por el rabillo del ojo.

La última vez que el derbi fue de Primera

Para encontrar un Sporting-Oviedo en la máxima categoría hay que irse a la temporada 1997-98. Aquel año lo jugamos con el descenso escrito en la frente desde octubre: trece puntos en toda la Liga, el peor curso de la historia del club. El derbi era de Primera sobre el papel, pero en la práctica era el equipo de una ciudad que se hundía contra el equipo de la ciudad de al lado, que miraba desde arriba.

Desde entonces han pasado veintiocho temporadas. Ni una sola con los dos escudos en la misma tabla de Primera. Se dice rápido y no lo es: hay gente en la grada de Cerro que ya vota, que ya trabaja, que ya lleva a su hijo al Molinón, y que jamás ha visto un derbi asturiano en la élite.

Cómo se rompió el reloj

Lo curioso es que no se rompió de una vez. Se rompió por partes, y cada parte le tocó a uno.

El Sporting bajó en 1998 y se quedó diez años en Segunda. El Oviedo aguantó tres cursos más arriba y bajó en 2001. Todavía coincidimos un par de temporadas en la categoría de plata, y entonces llegó lo del Oviedo: descenso administrativo a Tercera en 2003 por las deudas. Un club con Copa, con historia y con Tartiere, jugando contra equipos de pueblo.

A partir de ahí, los relojes nunca volvieron a dar la misma hora:

  • Cuando el Sporting subió a Primera en 2008 y aguantó cuatro temporadas seguidas, el Oviedo estaba en Segunda B.
  • Cuando el Oviedo se salvó con la ampliación de capital de 2012 —la de los accionistas de medio mundo y la entrada de Carlos Slim— nosotros nos estábamos yendo abajo.
  • Cuando el Oviedo recuperó la Segunda en 2015, el Sporting acababa de subir a Primera en Montilivi.
  • Cuando nosotros bajamos en 2017, ellos llevaban dos años instalados en Segunda.

Entre 2003 y 2017 no hubo derbi de Liga. Catorce cursos. Una generación entera de canteranos de Mareo y del Requexón que se cruzaron en la selección asturiana sub-16 y nunca se cruzaron en un campo con veinticinco mil personas dentro.

Ocho años de derbi, pero de Segunda

El derbi volvió en la 2017-18 y se quedó ocho temporadas seguidas, hasta la 2024-25. Y fue todo lo que tenía que ser: el Molinón lleno, el Tartiere lleno, horarios elegidos con lupa, colas para las entradas, semanas de radio local hablando de otra cosa que no era la clasificación. Uno de los dos o tres mejores días del año, sin discusión.

Pero era Segunda. Y ahí está el asunto que no arregla ninguna épica: el mismo partido, con la misma gente, con la misma tensión, valía la mitad. Menos que la mitad.

Lo que cuesta de verdad

La taquilla. Dos estadios de en torno a treinta mil localidades que se llenan sin campaña, sin regalar nada, sin necesidad de que el equipo vaya bien. Ese lleno existe en Segunda igual, sí, pero el precio de la entrada, el patrocinio que lo rodea y el ingreso por hospitality en un partido de Primera juegan en otra división. Nunca mejor dicho.

La televisión. Aquí no hay debate posible. El reparto de derechos en Segunda se cuenta en millones por club; el de Primera, en decenas de millones. Un derbi asturiano en Primera no es solo un partido más caro: es el tipo de partido que se vende fuera, que se programa en horario bueno, que se emite en países donde nadie sabe dónde está Gijón. En Segunda, ese mismo derbi compite por hueco con lo que pongan a la vez.

El escaparate. Esta es la que más escuece. Desde la 2001-02, Asturias ha pasado dieciocho de veinticuatro temporadas sin ningún equipo en Primera. Siete cursos seguidos entre 2001 y 2008. Tres más entre 2012 y 2015. Ocho desde 2017. Durante casi dos décadas, el fútbol asturiano ha existido para el resto del país en forma de nota a pie de página, de vídeo de aficionados en la nieve, de recuerdo de Quini y de Cundi. Un derbi en Primera es la única semana del año en la que Asturias vuelve a estar en el centro del mapa sin tener que pedir permiso.

Y hay una consecuencia menos visible: los chavales. Un canterano de Mareo que quiere jugar en la élite sabe que, con el club en Segunda, el camino corto pasa por irse. Lo hemos vendido todo durante treinta años para pagar las facturas. El escaparate de Primera no solo trae dinero, retiene gente.

Lo que hace falta

Para que vuelva el derbi de Primera tienen que pasar dos cosas a la vez, y ese «a la vez» es el problema. Desde 1998 no hemos sido capaces de sincronizarnos ni una temporada. Ellos suben cuando nosotros caemos, nosotros subimos cuando ellos se están reconstruyendo.

Cada agosto, cuando salen los calendarios, en Gijón hay un gesto que se repite. Abres el fixture, bajas con el dedo por las jornadas y buscas dos fechas antes que ninguna otra. Este año, otra vez, no estaban.